I guess now it's time for me to give up
I feel it's time
Got a picture of you beside me
Got your lipstick mark still on your coffee
cup
Got a fist of pure emotion
Got a head of shattered dreams
Gotta leave it, gotta leave it all behind now
Whatever I said , whatever I did, I didn't mean it
I just want you back for good
Whenever I'm wrong just tell me the song and I'll sing it
You'll be right and understood
Unaware but underlined I figured out the story
It wasn't good
But in the corner of my mind I celebrated glory
But that was not to be
In the twist of separation you excelled at being free
Can't you find a little room inside for me
Whatever I said , whatever I did, I didn't mean it
I just want you back for good
Whenever I'm wrong just tell me the song and I'll sing it
You'll be right and understood
And we'll be together , this time is forever
We'll be fighting and forever we will be
So complete in our love
We will never be uncovered again
Whatever I said , whatever I did, I didn't mean it
I just want you back for good
Whenever I'm wrong just tell me the song and I'll sing it
You'll be right and understood
I guess now it's time and you can back for good.
Dicen en el Telediario de la 1 que el Rey ha estado en Ávila en los actos que se han organizado allí por el "Día del Ahorro", que es hoy. El Rey, que a mí nunca me ha caído mal del todo, se está haciendo mayor, y cada vez se parece más andando a su yerno Marichalar, torpecillo, tripón y desacompasado. Es esta situación la que le acerca peligrosamente al estado en que se encuentra, por poner un ejemplo al límite, el Papa, al que llevan y traen en su carricoche, y le dicen las cuatro cosas que tiene que decir, sin que se las tenga que pensar.
Pues eso parecía hoy el Rey, un Papa cualquiera en su discurso de valoración y agradecimiento a las Cajas de Ahorros, motor e impulso del ahorro en los hogares españoles. Esa ha debido ser la única ocasión en que el Rey ha nombrado los hogares españoles, digo yo, porque lo demás eran todo reconocimientos a la labor de los bancos. Por lo visto, esta celebración tan folklórica se remonta al tiempo de Alfonso XIII cuando los pisos no valían el peso de sus ladrillos en oro, y el euro no encarecía las cosas, porque no existía.
Para ilustrar tan interesante noticia, el Telediario ha salido a la calle a preguntar a las familias españolas (a cuatro, y pijas) de las cuales, para sorpresa del espectador, tres han respondido que si, que no llegan a fin de mes, que se les va el sueldo en la hipoteca, que no tienen ni para papel higiénico, y que el día del ahorro debería ser en España igual que el día del trabajo, que no se trabaja.
Bueno, esto no lo han dicho las familias, esto lo digo yo.
Un instante después salía la noticia de que los cajeros informan, y mucho, y muy bien, sobre las comisiones que cobran por darte dinero con una tarjeta de red diferente a la suya. Como decía uno de los ejecutivillos responsables de esos trastos - hablando parecido al malo de Mortadelo y Filemón-, nunca en este país se ha indicado tanto al cliente sobre lo que se le está cobrando en cuestión de comisiones. Yo no digo que no, pero sería mejor que informaran al cliente antes de haber ejecutado la operación. No después de cambiarle a una el sexo cuando está a punto de sacar la tarjetita.
No vuelvo a ver el Telediario de la primera mientras esté comiendo. Que me entran ganas de hacer de comentarista crítica y no me cunde la comida.
Desde el sábado por la noche estoy mala. No sé si tengo gripe o tengo un gran catarrazo, o una gran infección contagiosa y peligrosa para mí y para cuantos me rodean. Lo que sí sé es que debería haber ido al médico y no lo he hecho. Yo es que soy muy tozuda, o me estoy muriendo o no piso la consulta. Y si me estoy muriendo, me voy directamente a urgencias, que me pilla más lejos, pero me atienden más rápido. La diferencia es la misma que la de pedir el Café con helado en el Mc Express o pedirlo en la barra normalmente atestada de gente del McDonalds. En el Mc Express te miran más, sospechan más, tienen carteles de tipo "Desconfía si alguien te pide solo agua", pero tardan cero coma en atenderte. Pues en urgencias es igual. Te miran más, sospechan más, te detectan la infección contagiosa y peligrosa y te mandan para casa antes.
La ¿gripe? que tengo me la debió de pegar Germán la semana pasada mientras estuve a su lado mirando cómo tosía. Estos dos últimos días ha sido él quien ha estado a mi lado viendo cómo tiemblo y toso. Ha cogido apuntes por mí (he de explicar ésto: normalmente no coge apuntes, almacena los conocimientos al tiempo que los escucha y un dia antes del examen lee dos veces los que hemos cogido los demás. Tiene una mente privilegiada a la par que vaga, por ello he de agradecerle que tome nota por mí) y ayer vino a mi casa a estar conmigo, cargado con el DVD de "La Gran Familia" y una cajita de música sin cajita que trajo de Popland. El DVD nos lo vimos, nos reímos mucho de Chencho, porque nos enteramos de que en realidad se llamaba Gaudencio. El cásting de esta película debió ser muy sencillo, una especie de "pasad todos, os quedáis hasta que se llenen las literas". En cuanto a la cajita de música sin cajita, es el mecanismo con un cilindro estriado que tiene una manivela para girar y hacer que suene, en este caso, "Hey Jude" de los Beatles. Antes de sacarlo de la bolsa, mi hombrecillo lo hizo sonar mientras me miraba. Supongo que puse cara de tonta, lo mismo que cuando pude accionarlo yo. Y me fijé de soslayo en que él me miraba como el que mira a una niña pequeña, con una media sonrisilla (y si no fue así, que nadie me lo discuta, que me hizo mucha ilusión)
Esta noche se me vuelve a ir a su casa, y eso me da mucha penita. Cada vez que se va lo paso peor y suelo prometerme que la próxima vez me iré con él, pero o bien no me dejan, o bien no puedo. De momento, y como medida de precaución, no giraré la manivela. Que luego lloro y no me viene bien congestionarme más.
Llevo unos pocos días haciendo de enfermera. El hombrecillo verde se ha puesto más verde de lo normal, así, de color mohoso, y le estoy cuidando. La verdad es que no sé si servirá de algo pasar tanto rato a su lado, porque lo único que hace es dormir dormir y dormir. Yo no sabía que se podía dormir de semejante forma, y mucho menos, que había una persona en el mundo que durmiera más de lo que suelo dormir yo.
El caso es que además de verde, se ha puesto incandescente. Tiene fiebre casi a todas horas, y bastante alta. Y se empeña en que le arrope, porque tiene frio. Es normal que con la fiebre sienta frio, pero sé que no es bueno que tenga tanta ropa encima. Insisto en que se dé una ducha, y en que coma algo, que no ha probado bocado desde las ocho de la mañana pero no me hace caso. Asiente con la cabeza, y me enseña los morritos, como los niños pequeños, pero ni se inmuta. Me extraña que haya perdido el apetito.
Es un fastidio que mi hombrecillo verde esté fuera de cobertura, porque estoy acostumbrada a que sea él quien me atienda a todas horas, porque yo éstoy mala día si, día también. Y reconozco que me tiene preocupada, aunque lo que tiene es solo una gripe. Creo que soy un poco egoista en este aspecto, así que he decidido montar guardia hasta que se ponga bueno, o hasta que mi madre diga "niña, vuelve a casa, que hace mucho que no te vemos" o hasta que pille yo la susodicha gripe. Llevo toda la tarde observándole, mirando como respira, poniéndole la mano en la frente (cada vez que hago esto el pobre se despierta, porque tengo las manos heladitas), dándole agua (repito: ¡no quiere comer nada!), y hablándole bajito, por si cuela y me responde, y podemos perder el tiempo hablando como hacemos siempre. Pero no me habla, hace ruidillos nada más, así que será mejor que me vuelva a acercar a ver qué le pasa.
[Y como me queda cero coma para postear y largarme, os informo de que no soy pija. Pero tampoco barriobajera]
Amado público, he vuelto con mi monotema. Quería hablar del paro, de la capa de ozono... quería hablar del caótico plan de estudios de mi Facultad... pero es que el deber me llama, porque anoche, después de cinco - meses - cinco sin hacerlo, descargué toda mi tensión, mis nervios y mi mala leche acumulada en Una Nueva Reclamación al Consorcio de Transportes.
Un autobús, vale. Dos autobuses, me pone... digamos... alterada. Pero que se coman tres autobuses ¡tres!, eso ya clama al cielo. Atómica perdida me puse ayer por la mañana, cuando habiéndome dejado la cama sin hacer, la ropa interior esparcida de mi cuarto al baño, y los bollos hipercalóricos del desayuno en la mesita del salón, bajé para comprobar que la parada estaba llena. Atestadita de gente.
A mi es que se me cae el alma a los pies cuando veo la parada desierta, pero si adolece de overbooking, me pone aún peor. Como diría Germán, ¡viva la semiótica!. Haré una sucinta explicación para profanos, ministros y usuarios de coche propio en general. La parada vacía viene a significar que el autobús ya ha pasado. Que ha pasado hace cero coma. Que ha pasado justo cuando tú echabas la llave y bajabas corriendo y trastabillándote por las escaleras. ¡Utiliza el transporte público, tu corazón no te lo agradecerá!
El índice de llenamiento de una parada, por contra, es directamente proporcional al número de autobuses que la empresa se ha comido. Si ves mucha gente, échate a temblar, primero, porque te tocará ir de pie (señores, no vivo en la capital, que nadie me llame ñoña) segundo, porque en las demás paradas habrá un número similar de gente esperando para darle un bocao en la yugular al autobusero, y tercero, porque el dolor de cabeza que se te va a poner cuando la gente le grite a coro al mismo, no se te va a ir en todo el día.
(La explicación no me ha quedado muy sucinta, pero la ocasión merecía que me explayase)
Pero como soy una persona muy objetiva, por una vez voy a hacer una defensa del autobusero.
No os acostumbréis.
Ayer, dos autobuseros se portaron conmigo. El primero era el conductor del artefacto que por fin me recogió después de que los tres anteriores no pasaran. Cuando le pedí el libro de reclamaciones, me dijo que no tenía, y me enseñó la propia reclamación que él, minutos antes, le había hecho a su empresa por no haberle proporcionado uno. Me explicó que ha visto con sus propios ojos las cajas de reclamaciones que la empresa desecha. Que su jefe es un tirano traidor cerdo asqueroso y que si veía algún inspector cuando llegásemos a Madrid, me daba permiso para darle un par de ostias. Con esas palabras, señores. Yo no pude sino compadecerme de él, y la gente que iba conmigo, igual. Nos pusimos todos de su parte, como en las películas. ¡Qué momento! ¡Qué emoción! ¡Un autobusero que nos daba la razón!
Pero cuando llegué a Madrid no había ningún inspector, así que no pude pegarme con él. Mi gozo en un pozo, porque tampoco pude poner mi reclamación, de modo que a la noche, cuando volví a montarme en otro bus, otro autobusero amable, atento, que yo creo que olía bien y todo, me dijo, después de consultarle yo, que me dejaba poner todas las reclamaciones que quisiera en el libro que llevaba. Solo pude poner una, porque la hoja que rellené era la última de ese cuaderno. Ahora voy a esperar a que me contesten, y cuando lo hagan, lo compartiré con vosotros.
Que sé que os vais a reir mucho.
[Como querrá mi madre que engorde con este castigo]
El ganador es Germán, que lo sabe...
Pero le otorgo el premio a Somófrates, que ha sido el que ha dicho que estas prendas están sacadas del ropero de ¡Padme Amidala!
(With respect and apologies to INYI que lo acertó bien acertao)
¿A quien pertenecen estos vestidos?

[Quedan excluidos del concurso los familiares, empleados y novio]
Dice mi madre que no puede ser, que no me puedo pasar la vida escribiendo sobre los autobuseros cuando en mi casa estamos viviendo un drama terrible y descarnado desde que llegó el Gas Natural a la vida del barrio, años ha. Dice mi madre también, que antes de que yo sufriese en mis propias carnes los desaires del Consorcio de Transportes, ya sufría otro tipo de desgracia, y que no sería de recibo si no la expusiera aquí. Y como he visto que hay gente (gracias, gracias, gracias) que me ha dicho que vuelva a escribir, pues voy a contar, a modo de homenaje a mi madre, por qué hemos cogido tantísima tirria a la Bombona de Butano
La bombona de Butano, tan pesada, tan naranja, tan sucia a veces, no tiene patas. Te la tiene que traer el butanero, con su camioneta, día sí, día no. Al menos así está estipulado. Pero en mi barrio eso no sucede, el camión del Butano pasa por mi calle pero no para, porque sabe que hay ya pocas personas que lo necesiten, y sabe que esas personas somos mi madre, mi padre, mi hermano y yo (bueno, y otras tres mujeres del bloque de al lado, pero no las contéis, que así os doy yo más pena) El procedimiento consiste en asomarse una misma con medio cuerpo por fuera de la ventana y mirar abajo. Coger aire y gritar ¡GUTANOOO, GUTANOOOOO, GUTANOOOOOOOOO!. Con G, que es más contundente. Si el camión ha parado, el butanero mirará ipsofactamente hacia el lado contrario desde el que has gritado (con toda idea, para no tener que subirtela al quinto) Quizá te la suba, quizá no.
Lo que nunca he podido comprender es cómo podía existir la coña de "éste será hijo del butanero".
Qué estupendo. Me he enterado de que unos señores trajeados con coche propio, garaje y chofer quieren instalar ahora unas marquesinas de autobús inteligentes, igual de rojas y de antiestéticas que las de antes, pero que tienen unos botoncitos como los de los ascensores, para que cuando llegues a la parada, pulses, y el autobusero sepa a través de su autobús fantástico si se tiene que parar a recogerte o puede pasar de tí y acortar de este modo el ya de por si largo y tedioso trayecto interurbano.
Me he enterado de esto viendo el telenoticias de Telemadrid, que es el que más me gusta, porque su presentador es más chulo que un ocho, madridista de pro, y un irónico consumado. Me estoy refiriendo al de por las noches, creo que se llama Alfonso García, el que presenta junto con Susana Pfingsten (más conocida en mi casa a la hora de comer como Susana Esprinstin, igual que Bruce)
El caso es que yo me he planteado ahora qué va a ser de mi vida si al nefasto servicio de autobuses que me lleva y me trae actualmente le añaden este plus de peligrosidad. Porque si estoy en la parada y le doy al botón con el dedito igual que hacía E.T., el autobús me va a recoger. En algún momento del día, no se sabe cuándo, me va a recoger. Pero si no estoy a tiempo y lo quiero coger cuando ya se está yendo (que no me diga nadie que eso no le ha pasado nunca) no podré hacerlo, porque el autobús y su autobusero van a pasar de mi culo.
Espiquin in silver.
Y lo que digo yo. ¿No sería más útil, en vez de gastarse en colocar marquesinas sabias, y en acondicionar autobuses que le digan al autobusero "Hola Michael, tienes veinticinco esperando en la segunda parada", poner más autobuses, un mísero panel de horarios y un cursillo de buenos modales para los conductores?
Entre los autobuses y los ascensores, me repito más que el ajo. Es una constante en mi vida, lo mismo que la bombona de Butano en la vida de Javier Fesser. Qué le voy a hacer, mi universo no es más grande.
Y yo comiéndome el tarro sin saber qué título ponerle a los post...
Libertad de expresión es aquello que la gente no ejerce en los ascensores, cuando coincide con los vecinos, porque la gente, en esa situación, siempre habla del tiempo. Parece que hoy está nublaíllo, ¿verdad? Lo ideal sería que la gente en los ascensores pusiera en práctica su ser más reivindicativo, en una especie de aquí te pillo aquí te mato:
¡A ver si le va diciendo usted a su hijo que baje la música por las noches, que no hay quien pare!
o ¡Me tiene perdido el toldo con el agua que chorrea de regar los tiestos, señora, a ver si riega usted a otras horas!
Tal cual, con su mejor sonrisa, que libertad de expresión no implica necesariamente ser borde. Seguro que a las comunidades de vecinos les iba mejor a partir de entonces... o mejorarían la línea evitando usar el ascensor los que tuvieran la conciencia menos tranquila.
[me parece que hubiera triunfado mucho más un post global sobre la lluvia, visto lo visto]
Tengo muchas esperanzas puestas en el descafeinado que me estoy bebiendo. Confio en que, como buen falso café, me deje dormir después de haberme hecho entrar en calor. Que me caliente las manos, por lo menos (que como ya advertí algún post atrás, se me ponen frias en cuanto caen cuatro gotas) Así ha sido hoy, cuando ha empezado a llover con ganas en Madrid, por primera vez desde el final del verano, y así será hasta el año que viene.
Lo que estaba diciendo yo, que confio en poder dormir esta noche, porque llevo ya varias sin conciliar el sueño, y me dan las tantas con los ojos como platos. La de anoche ha sido antológica. Cinco picotazos me ha dado un mosquito hacia las cuatro y pico de la madrugada y cinco correspondientes ronchones me han salido, que ya me han tenido medio en vela hasta que la lluvia me ha despertado del todo sobre las siete.
Y toda la noche dándole vueltas al coco, acordándome de lo que estuve haciendo la tarde de ayer. Nada agradable, la verdad, porque me la pasé en mi colegio, en el funeral de un compañero de toda la vida que se suicidó en agosto. La verdad es que nunca tuve mucha relación con él, aunque le conocía desde pequeño, pero sí que la he tenido, desde hace muchos años, con su hermana. A partir de aquí, lo típico. Me hice el firme propósito de no pasarlo mal, de no implicarme demasiado, porque al fin y al cabo tampoco merece la pena ir de plañidera por la vida, y fue escuchar la carta de despedida de su hermana y echarme a llorar. Con la vergüenza que me da hacer eso en público, señores. Mal de muchos, consuelo de tontos, porque mis ex compañeros estaban haciendo lo mismo, pidiendo kleenex.
No ha sido la mejor reunión de antiguos alumnos que podíamos tener, aunque me atrevería a decir que sí ha sido la que mayor número de gente ha reunido y va a reunir. O si no, el tiempo. Recapitulando, me ha servido para darme cuenta, primero, de lo muchísimo que puede llegar a cambiar la gente (qué de canas los profesores) y después, de lo despegados que son algunos compañeros y de lo altísima que llevan su cabeza. Otros no, afortunadamente. Abrazos largos y apretados como resultado. Lástima que nos hayamos dejado de ver y no vayamos a recuperar la relación.
Voy abreviando, para terminar. A todo esto... mañana, (es decir, hoy) toca post global, y dada la originalidad del tema propuesto, estoy meditando seriamente si hacer un refrito de las mejores frases de la gente. Porque a mí, hablar de libertad de expresión, me ha venido siempre muy grande.
Qué torrija tengo encima, disculpas a los que hayan llegado a leer hasta aquí.